domingo, 12 de enero de 2014

Uso político de la caricatura

Para hallar los orígenes que dieron pie al uso político de la caricatura debemos remontarnos a finales del siglo XV en Francia, donde descubriremos a dos de los primeros personajes víctimas de la caricaturización: Napoleón III y Luis Felipe. [1]
El surgimiento des este elemento comunicativo se debió en parte a la alta tasa de analfabetismo existente entonces unido al interés  por ridiculizar públicamente a mandatarios y personajes públicos relevantes de la época.
Su expansión se debe al invento de la imprenta por parte de Gutenberg, gracias al cual se abarataría en gran medida la impresión, lo que haría posible su divulgación de manera masiva.
Uno de los más claros ejemplos lo encontramos en la propaganda creada por Martin Lutero donde la caricatura mostraba la imagen del Papa de forma diabólica bajo el pretexto de dar a conocer a la sociedad que se trata de un personaje corrupto cuyo fin oculto es el enriquecimiento propio.[2]
La caricatura sirve así para elevar y acentuar la forma de ridiculizar en público evidenciando los motivos por los cuales esa persona es criticada. Se encuentra cargada de ironía y sarcasmo, su fin es hacer reflexionar al receptor para que se cuestione si era o no acertada la visión que éste tenía del personaje en sí, evidenciando de manera satírica sus defectos.
En algunos casos la caricatura puede ir acompañada de un pequeño texto que ayude a facilitar su comprensión, o bien que enfatice aún más  la situación representada. La tipografía utilizada para la elaboración de estos textos puede mezclar mayúsculas y minúsculas, repetidos signos exclamativos e interrogativos, tamaños de fuente diferentes así como caracteres en negrita con el fin de resaltar una parte, a pesar de ello es primordial el componente no verbal.
Aunque en España tuvimos que esperar hasta el siglo XVIII para poder ver caricaturas de mayor calidad con la colaboración de Goya en sus series “Los Caprichos” y “Los disparates”.[3]
Los caricaturistas, por lo general, son analistas políticos. En España han pisado fuerte algunos de ellos como Ramón Cilla,[4] Eduardo Sáenz y posteriormente el republicano Luis Bagaría[5] o el ya actual Antonio Fraguas, más conocido como Forges.[6]
Actualmente contamos en nuestro país con una revista entera donde se desarrolla este género contando con importantes caricaturistas como Vizcarra.[7]
 
Actualmente las caricaturas políticas están adaptándose a las nuevas tecnologías de manera que podemos encontrarlas en diferentes páginas web o incluso en la prensa digital. Las temáticas, que anteriormente reflejaban a los líderes del propio país, cada vez incluyen a más personajes del panorama internacional.

La caricatura política es hoy símbolo de libertad de expresión dentro de la prensa, aunque en varias ocasiones ha dado lugar a conflictos incluso mundiales que han llevado a la rectificación por parte de los caricaturistas, como es el caso de la representación de Mahoma[8] , otras por su parte han sido causa de sanciones como las recibidas por los propios caricaturistas de la mencionada revista El Jueves[9].




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