Sé que no debo decir “se lo dije” pero me van a disculpar
esta vez porque, ciertamente “se lo dije”. Luego llegan los lamentos, las
reflexiones y los arrepentimientos pero no tardamos mucho en volver a tomar la
decisión más fácil. ¿Tan complicado resulta prever las consecuencias de nuestros actos?
Al parecer no resulta complicado, resulta imposible. No nos damos cuenta de que
hay millones de errores nuevos esperándonos y nosotros estamos empecinados en
seguir cayendo en los mismos una y otra vez, generación tras generación.
El ser humano está programado para innovar, para ir hacia
delante, para construir y crear. Nadie quiere pasar por esta vida sin aportar
su pequeño granito de arena. La tecnología había llegado lejos permitiéndonos compartir
en una pizarra común. Plasmar y ver, no regalar o intercambiar sino compartir. Fue un gran avance, reconozcámoslo, la llegada de
internet a todas las viviendas (hablamos del primer mundo) que daba acceso a la
cultura, que facilitaba y agilizaba trámites… nadie lo discute, alguien sin
internet es hoy considerado como un minusválido, es alguien con una pierna
menos, por ejemplo.
Cuando la gente empezó a descubrir la ventana de internet empezaron
a correr hacia ella maravillados por las vistas que ofrecía. Comenzaron a
ensancharla y lo hicieron hasta el punto de prescindir de las paredes. Hoy día
todo es internet o, más bien, internet lo es todo. Como si hubiéramos
transformado un martillo corriente en una navaja suiza, internet ha empezado a
adquirir funciones impensables en aquellos primeros tiempos. Poco nos falta
para usarlo como freidora de huevos.
Hasta el año 2003 aproximadamente con la llegada de MySpace,
entre otros, todo parecía definirse como un “avance de las tecnologías”. ¿Qué
pasó entonces?, sencillo, algo en lo que muchos aún no han sido capaces de
reparar. La carrera tecnológica dejó de correr para empezar a volar. Comenzaron
a aparecer las redes sociales: En 2006 aparece Twitter, en 2007 nacerá Facebook,
surgen nuevos navegadores, nuevos accesos, nuevos roles donde el consumidor se
vuelve prosumidor, ya que aporta contenidos tanto como los consume… Los
teléfonos móviles pasan a ser smartphones, los coches incorporan Airplay o
Google Maps… En definitiva, en poco tiempo y de forma acelerada aparecen mil y
un avances a los que nos lanzamos sin apenas conocerlos. Y es que hoy vemos a
señoras de 70 años con un iPhone sin saber cómo se contesta a una llamada… ni
como se pronuncia iPhone.
Y ahora se preguntarán, ¿qué hay de malo en todo esto? Al fin
y al cabo todos los avances facilitan la vida a las personas… y la abaratan. Y
aquí está la clave. Sí, la abaratan pero ¿por qué? A la sociedad le da lo
mismo, no les importa lo realmente importante es que les han bajado el precio.
Que ahora hay videollamadas, o llamadas gratis, o mensajes o libros, o música,
o televisión… Pero deberían pararse a pensar que existe una razón para todo
esto y la tienen delante y que la han tenido todos estos años y no han sido
capaces de verla. Ahora yo pregunto: Estimada y avanzada sociedad, ¿qué
coincide con la impresionante evolución técnica, mecánica y científica de los
últimos años que tanto daño nos ha hecho? Una pista, empieza por “cri” y acaba
por “sis”. Sí señores, pero créanme, no acabamos de descubrir América.
Las todavía hoy conocidas como “nuevas tecnologías, a las
cuales nos hemos ido lanzando sin pensarlo, nos han facilitado y abaratado la
existencia de forma no tan barata como parece. Los emails han quitado puestos
de trabajo en correos, las fotografías digitales han llevado a la quiebra a
todas las compañías y laboratorios fotográficos, la música gratuita ha
provocado la desaparición de las tiendas de discos, de los músicos… La
televisión en internet, hace imposible e inviable las apuestas de las cadenas
televisivas o de las compañías audiovisuales por nuevos talentos, ya que no van
a generar los beneficios de antes. La prensa en internet, ha llevado al cierre
de numerosas cabeceras y a la precariedad en los escasos puestos de trabajo que
quedan. Las solicitudes que rellenamos vía internet y que nos hacen saltarnos
esas desagradables colas de gente han provocado el cierre de ventanillas para
la realización de trámites, etc, etc.
Todos esos puestos que se han ido sacrificando a costa de la
evolución, ¿no podía hoy haber sido ocupados por miembros de su familia, o por
ustedes mismos? ¿Cómo vamos a recuperar las cifras de empleo de hace siete años
si han desaparecido tesas vacantes para siempre? Imagínense, si el jefe de la empresa elimina a su equipo de
corresponsales, que llevaban el seguimiento de la misma en diferentes países o
en diferentes secciones, y a cambio instaura un community manager que hará
todas esas funciones, ¿es rentable? Desde luego para él sí, pero ¿qué ocurre
con los demás? Volviendo al ejemplo del principio, tal vez no tener internet
sea ir cojo por la vida, pero tenerlo quizás suponga tropezar una vez tras
otra.
Que la vida es más cómoda hoy, no hay duda. Pero hasta qué
punto esta evolución es un paso adelante o tres atrás es algo que aún no está
nada claro. Quizás avanzar sea más fácil de lo que parece. Quizás haya avances
que no valgan la pena aunque ello conlleve sacrificar algo por nuestra parte.
No era difícil adivinar que todo esto costaría millones de empleos y,
aún así, se ha seguido adelante. Quizás se pudo tomar otro camino sin
renunciar a los avances. Quizás se debió hacer con los emails como antes se
hacía con los fax, solo para casos específicos, o que solo fuera posibles
enviarlos desde los pertinentes comercios relacionados con el sector.
Les habla un usuario de los que más se resistió a abrirse
una cuenta en una red social hasta que se sintió un bicho raro. Un usuario que hoy no
manda una carta a un periódico a través de un cartero, sino que la publica en
su blog para que llegue a todos los receptores que puedan estar interesados en tiempo récord. Bravo por nuestra sociedad,
adelante, no se corten. Aplaudamos porque hoy la gente no tiene trabajo pero
tiene un espacio en internet. Aplaudamos porque hoy no tenemos que hacer cola
en el cine para comprar las entradas, pues tenemos internet. Aplaudamos porque
todo es posible desde nuestro asiento gracias al crecimiento de la tecnología. ¿Todo?, bueno, casi. Solo
nos falta adivinar de dónde sacar más de cuatro millones de puestos de trabajo.
Pero por lo demás, todo va genial.
Jacob G.

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